Sí, habíamos oído hablar de GingerBoy antes de nuestra última visita a Madrid. Y sí, teníamos la absoluta intención de probarlo. 

El concepto que los chicos de Ginger tienen es ya de por sí llamativo. Cocina Thai fusión con cocina europea, una carta cuidada, completa y casi en exclusiva para llevar o a domicilio. Lo mejor de la cocina asiática en casa y sin descuidar un solo detalle, ni siquiera el packaging. No esperes encontrar con ellos los típicos tupper de metal, sino que son materiales que además de ser estéticos y mantener el calor son completamente reciclables.

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Detalle del pedido

En nuestra primera toma de contacto quisimos ir a lo seguro y pedimos -de forma online, ya que permiten hacer el pedido mediante la web y no solo por teléfono- Rollitos Vietnamitas, un Pad Thai de Gambas y Mussuman Curry de pollo.

No pasaron ni dos minutos de haber realizado el pedido por la web cuando sonó el teléfono con la fatal noticia de que  no quedaban Rollitos Vietnamitas y nos ofrecían, entonces, cambiarlos por algún otro entrante. La llamada fue atenta y rápida. No dudamos mucho en decidir que el cambio sería por el Chicken Satay.

Si la memoria no me falla tardaron unos escasos 30 minutos en estar tocando el timbre con nuestra bien-olorosa cena que tardamos menos de diez minutos en devorar. La elección que hicimos no pudo ser más acertada. Una y mil veces repetiré en GingerBoy.

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Chicken Satay

Las raciones estaban bastante bien, y si no hubiera sido porque estaba tan rico, hubiéramos quedado más que satisfechos. Por el contrario, quedamos muy apenados cuando vimos que la comida se acabó.

Los Chicken Satay estaban deliciosos. El punto de la carne era magnífico y la salsa de cacahuete de diez. Nos encargamos de rebañar bien lo que iba quedando en el fondo de la cajita.

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Musuman Curry de Pollo

El Musuman Curry de Pollo tampoco decepcionó. El toque de picante era el justo, el pollo estaba riquísimo, el curry más y las verduras… se notaban frescas y bien cocinadas.

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Pad Thai de Gambas

Pero el Pad Thai fue la estrella de la noche. Creo que hasta ahora ha sido el mejor que he probado. No es el típico que hacen en las cadenas de noodles que, está bueno, pero se nota grasiento y aceitoso. Este no es de esos. Es ligero, es sabroso y tiene el punto justo de todos los ingredientes, creando -además de un espectacular sabor- armonía en cada bocado. (Esto se que me ha quedado muy cursi, sí, pero… ¡estaba tan bueno!).

En resumen, tuve que controlarme para no cenar en GingerBoy el resto de días que quedaban, porque hubiese sido una muy buena opción. Así que sí, repetiré en la próxima visita a Madrid. O volveré antes a Madrid para comer en GingerBoy…

¡Ah! Por todo esto pagamos 30,95€ incluyendo los gastos de envío (no estábamos demasiado cerca de ellos).

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