Nunca el nombre de un restaurante estuvo tan acertado como Gioia, «alegría» en italiano. Y es que cada uno de los bocados que tomamos en él fueron eso: pura alegría.

Sí, es cierto que últimamente estoy muy cursi y queda claro que febrero es el mes de amor, pero es que Gioia no es para menos.

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Detalle del servicio

La propuesta de Davide Bonato en Chueca es la de una cocina elegante y desenfadada que combina tradición y modernismo; cocina italiana creativa, casando lo mejor de la contemporaneidad y la tradición.

Es un lugar en el que es perceptible que se ha puesto cariño en la decoración y distribución del lugar, tratando de ser elegante. Aunque, a mi parecer, deben cuidar un poco más algunos pequeños detalles.

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El pan en el salvamantel

Los visitamos para almorzar y, aún teniendo menú del día y menú degustación -cosa que averiguamos después- no tuvieron a bien el ofrecérnoslo, ya que probablemente lo hubiésemos tomado. Otro ejemplo de detalles que pulir es la presentación del pan, que el camarero estimó situarlo sobre el salvamanteles, en vez de en un platito adecuado para ello. Son pequeños detalles que han de limar a la hora de llevar a cabo el servicio.

Ignorando que existían los menús optamos por elegir dos platos principales: unos Gnocchi della Nonna y unos Ravioloni neri agli scampi. Antes de los platos, la casa, además de darnos la opción de elegir el tipo de pan -normal o con semillas- nos ofreció un entrante de la barra, unas pizzetas, y uno de cocina, crema de calabaza con mozzarella di buffala. Ambos deliciosos.

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Gnocchi della Nonna

Los Gnocchi della Nonna eran caseros -como todo lo que sirven- y venían acompañados con una salsa a base de queso gorgonzola. Este tipo de pasta de patata es una de mis preferidas, pero siempre que los pido lo hago con miedo, ya que suele ser un plato que, según de qué forma preparado, cansa bastante y puede resultar incluso pesado. Aunque por suerte para mi, este no fue el caso. Pocos gnocchi quedaban en el plato cuando comencé a sentir que no podía seguir comiendo.

El tamaño de los gnocchi eran perfectos, no demasiado grandes ni tampoco pequeños. Y la salsa casaba en perfecta armonía  con ellos. Un gusto fuerte a queso pero que no llegaba a resultar pesado.

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Ravioloni neri agli scampi

Los Ravioloni neri agli scampi, si los hubiese probado con los ojos cerrados, hubiese podido jurar que estaba comiendo paella de marisco. Tal vez exagere un poco, pero casi lo hubiese podido jurar.

Son raviolis en tamaño extra grande rellenos de langostino con salsa de azafrán (de aquí la paella de marisco), puntas de espárrago y tomates cherry. Este plato fue sorprendente, original y delicioso.

Además de la buena presentación de ambos, el sabor no decepcionó lo más mínimo. Es muy probable que volvamos y os contemos qué tal está su menú del día o su menú degustación.

Con respecto a los precios creo que nos costó aproximadamente unos 20€ por cabeza. Como ya sabéis no somos de pedir vino, que es lo que acaba subiendo el precio de la cuenta.

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